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FÚTBOL: EL PAGO DE LAS COIMAS SE HACÍA CON EL NOMBRE DE CRISTINA

Burzaco admitió ayer que así fueron registrados los giros a Paladino y Delhon; también dijo que la policía bonaerense planeaba matarlo.
Las coimas a Julio Grondona eran pagos al «Papa». Los sobornos al «Brasilero» estaban dirigidos a Ricardo Texeira. Y el dinero para dos ex funcionarios que manejaban el programa Fútbol para Todos, Pablo Paladino y Jorge Delhon, se anotaban con el nombre «Cristina», una referencia a su jefa, Cristina Kirchner .

El nombre de la ex presidenta quedó así plasmado en los archivos de la megacausa por el escándalo de corrupción del FIFAgate. Alejandro Burzaco, el ex CEO de Torneos devenido en testigo clave del caso, testificó ayer en un tribunal de Brooklyn que su mano derecha, Eladio Rodríguez, encargado de llevar un registro de los pagos, utilizaba apodos para identificar a los beneficiarios y que los sobornos a los funcionarios kirchneristas se anotaban bajo el nombre de su jefa, a quien, aclaró, nunca le pagó coimas.

«¿Usted pagó sobornos a Cristina Fernández de Kirchner», le preguntó a Alejandro Burzaco el fiscal Samuel Nitze. «No, señor», respondió Burzaco, bajo juramento.

Anteayer, Burzaco había declarado que había pagado US$ 4 millones en coimas a los dos ex funcionarios de Cristina. Uno de ellos, Paladino. El otro, Delhon, que anteayer se suicidó. Burzaco respondió ayer por segundo día consecutivo las preguntas de Nitze, uno de los fiscales asignados al caso. Dijo que su hermano, Eugenio, actual secretario de Seguridad, le informó después de que fue arrestado tras entregarse en Italia que la policía de Buenos Aires tenía instrucciones de matarlo para que no testificara. «Él supo que instrucciones habían sido dadas a la policía de Buenos Aires, la más grande del país, de callarme para hacer que fuera imposible que dijera cualquier cosa en Estados Unidos, incluso matándome», testificó Burzaco, al cierre del interrogatorio.

En ese momento, no pudo contener las lágrimas y se quebró. Era la segunda vez que le sucedía en el mismo lugar, el estrado de testigos. Antes de que empezara la audiencia, Burzaco también empezó a llorar luego de un gesto de uno de los acusados, Manuel Burga. Al final de la audiencia, los fiscales hicieron una fuerte acusación: le dijeron a la jueza, Pamela Chen, que habían visto un video donde se veía que Burga parecía sugerir que quería degollarlo moviendo su mano a lo largo de su cuello. Un día antes, Burzaco le había dicho a agentes del FBI que había hecho el mismo gesto.

Bruce Udolf, el abogado de Burga, admitió que su cliente había hecho un gesto, pero le echó la culpa a un problema de «piel seca» y negó que tuviera la intención de ser amenazante. Para Udolf, Burga sólo se rascó. «Él tiene dermatitis, no sé, por el clima de Nueva York», indicó.

Tras una larga discusión entre los fiscales, Udolf y Chen, la jueza decidió restringir las condiciones del arresto domiciliario de Burga, al suspender su acceso a un teléfono e Internet, para preservar la integridad del juicio. Pudo haberlo mandado a la cárcel, pero el video, si bien mostraba el gesto, era inconcluso, en la visión de la jueza. «El video no está resolviendo la pregunta de qué es el gesto», dijo Chen.

Un rato antes, al cerrar su interrogatorio, que terminó extendiéndose por dos días, Nitze le preguntó a Burzaco si sabía cuál era la sentencia más severa que podía recibir. «60 años», respondió el ex ejecutivo. Nitze le preguntó qué sentencia esperaba. «Espero no ir a la cárcel», respondió.

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