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El Gobierno presiona por paritarias anuales, pero acepta cláusulas de revisión

La Casa Rosada ya fijó dos variables centrales para los convenios paritarios 2019: acuerdos anuales y con cláusula de revisión, en caso de que la suba salarial quede superada por la inflación. «En un contexto de estabilidad de precios y decrecimiento de la inflación no se ve la necesidad de acuerdos semestrales ni de cláusula gatillo», repiten en el Ministerio de Producción y Trabajo.

 

La tercera variable central de los convenios salariales es el porcentaje de incremento. «Cambiamos», bromea en privado el ministro Dante Sica, para rechazar que se vaya a fijar una pauta, como sí ocurrió con su antecesor Jorge Triaca.

En la cartera sostienen que las paritarias deberán cerrarse no según un índice homogéneo. «Serán paritarias diferentes en función de los distintos niveles de actividad», afirman.

 

Según el criterio oficial, «los sindicatos deberán ver que el salario que pidan se pueda pagar y que la empresa o sector de la actividad tenga margen para absorberlo». Esto hará, siempre según el Gobierno, que se produzca «mucha dispersión en materia salarial. Todo va a depender del nivel de actividad».

 

Lo cierto es que eso no es lo que se desprende de los dos primeros acuerdos paritarios de 2019, que se firmaron la semana pasada y que la Casa Rosada busca mostrar como modelo para el año que está a punto de comenzar.

La semana pasada firmaron sus paritarias el gremio de los encargados de edificios (Suterh) y el de los empleados de clubes y mutuales (Utedyc). Contra la posición oficial de que no hay pauta, genera suspicacias que ambos acuerdos se cerraron por idéntica cifra: 23%.

 

Esta semana el sindicato de Luz y Fuerza también podría firmar un acuerdo en un valor similar, aunque según versiones empresas de energía del interior están dispuestas a ofrecer hasta un 20%.

 

Si Luz y Fuerza también firmase por el 23% podría interpretarse claramente que ese es el techo salarial que busca el Gobierno para 2019.

 

Pero en la Casa Rosada insisten en rechazar esa lectura: «Si firman por el 23 nosotros no tendremos la culpa. Seguramente lo que estará ocurriendo es que los propios gremios miran entre ellos lo que se firma», argumentaron las fuentes consultadas.

 

Aseguran, además, que hay disposición a aceptar acuerdos por porcentajes superiores, en caso de que se concreten. «Si el empresario lo puede pagar, se lo homologará», afirmaron en el Gobierno.

 

El porcentaje del 23 tiene un origen concreto: es la inflación prevista para 2019 por la ley de Presupuesto. Sin embargo, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central, y que se conoció a principios de este mes, estima una inflación del 27,5% para 2019.

En el Ministerio de Producción y Trabajo plantean que «la economía es más compleja que mirar el piso y el techo de las paritarias. Para los acuerdos salariales se deben mirar los costos, la rentabilidad, las ventas… Cada sindicato, cada empresa, deberá calibrar que porcentaje se puede firmar».

 

En esa línea, plantean que hay sectores con más margen para negociar salarios que otros. En ese pelotón mencionan al turismo, a los servicios basados en el conocimiento (software), el agro, carnes blancas, la energía y la minería.

 

Entre las actividades que tendrían menos margen de maniobra están el textil, calzado, electrónica y la línea blanca, según las mismas fuentes.

En la CGT consideran que es demasiado temprano para fijar una pauta salarial para 2019. “Riesgo país por encima de los 800 puntos, inflación de más del 46, recesión y mayor desocupación. Hay un desconcierto total. Son muy pocas las organizaciones que van a aceptar firmar sus paritarias”, señaló a Clarín un jerárquico de la central sindical.

 

El dirigente de un poderoso gremio agregó: “Lo que se firme ahora será todo virtual. La ronda de paritarias en serio arrancará recién en marzo”. La lectura sindical es que el Gobierno está apurando cierres paritarios “para mostrar que generan previsibilidad”.

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