Provinciales

Larregain pidió fortalecer redes de contención para prevenir suicidios

«No estás solo. Tu vida tiene valor. Tu historia no termina en este momento», fue el mensaje central que anoche dio el arzobispo de Corrientes durante la misa por el Mes de la Prevención del Suicidio, que reunió a organizaciones religiosas y sociales en la Catedral.

El arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, presidió anoche en el Salón San Pablo de la Iglesia Catedral «Nuestra Señora del Rosario» una misa especial en el marco del Mes de la Prevención del Suicidio, una celebración que reunió a representantes de distintos espacios religiosos y sociales que trabajan en la prevención, el acompañamiento y la asistencia comunitaria.

Durante la homilía, Larregain centró su mensaje en el cuidado de la vida, la escucha y la necesidad de acompañar a quienes atraviesan situaciones de dolor, soledad, angustia o desesperanza.

El citado salón (que ofició de templo en virtud de la que la Catedral se halla bajo mantenimiento) se vio colmado y en gran parte ello se debió a la presencia de integrantes de la Pastoral de Adicciones de la Arquidiócesis de Corrientes, Casa Pueblo–Espacio de Acompañamiento Comunitario, la Mesa Territorial de Consumos «Tejiendo Redes de Contención», la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Corrientes, Ni un Pibe y Piba Menos por la Droga Corrientes, Vientos de Libertad, Casas por la Libertad y Cáritas Argentina Corrientes.

Contención para el sufrimiento que no se ve

A partir de las lecturas bíblicas de la celebración, el arzobispo planteó que muchas veces el sufrimiento de una persona no resulta visible para quienes están a su alrededor y que, por ese motivo, la prevención también implica aprender a mirar y escuchar.

«No siempre conocemos lo que sucede en el corazón de quien tenemos cerca», señaló el arzobispo. Desde esa perspectiva, sostuvo que una persona que atraviesa un momento difícil puede necesitar, antes que respuestas, la presencia de alguien dispuesto a permanecer a su lado sin juzgar ni minimizar aquello que está viviendo.

«Hay momentos en los que una persona necesita, antes que respuestas, alguien que permanezca a su lado», expresó. Y propuso una frase sencilla como gesto de acercamiento: «Estoy aquí; podés hablar conmigo».

Para Larregain, esa disposición a escuchar puede constituir una primera puerta hacia la ayuda que la persona necesita. El arzobispo puso así el foco en la importancia de las redes de contención y en la responsabilidad comunitaria frente a situaciones de sufrimiento.

Una red que también debe incluir a profesionales

Uno de los aspectos centrales del mensaje fue la necesidad de evitar que el acompañamiento quede limitado a la dimensión religiosa o comunitaria. Larregain remarcó que cuidar no significa pretender resolver todas las situaciones, sino escuchar, acompañar y favorecer el encuentro con profesionales, familias y espacios adecuados de atención.

«La fe no reemplaza la atención psicológica o médica cuando esta es necesaria; por el contrario, puede impulsar a buscarla y acompañar ese camino», afirmó.

De esta manera, el arzobispo ubicó a la Iglesia dentro de una red más amplia de cuidado, en articulación con los ámbitos profesionales y sanitarios. La escucha y la cercanía pueden permitir advertir una situación de sufrimiento, pero el acompañamiento también debe contemplar el acceso a la asistencia especializada cuando resulta necesaria.

El mensaje tuvo además una particular referencia a las familias y a quienes trabajan cotidianamente en prevención.

Larregain pidió rezar por quienes atraviesan momentos de profunda angustia, por las familias que acompañan situaciones de sufrimiento y por quienes perdieron a un ser querido y llevan «una herida que muchas veces permanece en silencio».

También incluyó entre sus intenciones a los profesionales y agentes que trabajan en la prevención y en el cuidado de la salud mental.

«Que nadie tenga que atravesar su dolor completamente solo»

La reflexión del arzobispo volvió en distintos momentos sobre la necesidad de construir comunidades capaces de detectar el sufrimiento y generar espacios de acompañamiento.

«Jesús no permanece indiferente ante el sufrimiento humano», sostuvo Larregain, y planteó que esa actitud constituye también una misión para la comunidad: «Construir comunidades donde nadie tenga que atravesar su dolor completamente solo».

El planteo retomó así uno de los principales ejes de la jornada: la prevención como una tarea colectiva que requiere fortalecer vínculos y redes de contención.

En el cierre de su homilía, el arzobispo pidió una comunidad capaz de mirar «con compasión, sin prejuicios y con esperanza», y de tener «un corazón atento para descubrir al que necesita ayuda».

La frase final condensó el sentido de la celebración: «No estás solo. Tu vida tiene valor. Tu historia no termina en este momento. Hay un camino que podemos recorrer juntos».

De esta manera, la misa realizada anoche en el salón San Pablo no quedó solamente como una celebración religiosa dentro del Mes de la Prevención del Suicidio, sino también como un espacio para reafirmar la importancia de escuchar, acompañar, fortalecer las redes comunitarias y acercar a quienes sufren a la ayuda profesional que puedan necesitar.

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