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La Iglesia de Corrientes preocupada por la Inteligencia Artificial (IA)

«No podemos delegar aspectos de la vida humana en sistemas que carecen de moral», alertaron ayer referentes católicos ante el avance de las nuevas tecnologías. A su vez señalaron el peligro de que decisiones que requieren conciencia y ética sean resueltas con algoritmos.

El Arzobispado de Corrientes y la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz se unieron al pedido del papa León XIV para «desarmar» los aspectos de la Inteligencia Artificial (IA) que podrían ocasionar perjuicios contra la humanidad. Entre ellos se destacan la desregulación y las implicancias éticas de esta nueva tecnología.

La exposición de la Iglesia local constituye una «adhesión» al primer documento doctrinal del reemplazante de Francisco I. Se trata de la encíclica titulada Magnifica Humanitas («Magnífica Humanidad») presentada el pasado 25 de mayo, un texto que propone «una brújula moral» para los nuevos tiempos.

El encuentro, que convocó a referentes de la Iglesia y funcionarios de la Provincia y el Municipio, comenzó a las 19 en el Salón Tupäsy (San juan 1002). En total, unas 50 personas acompañaron la presentación del documento que fue clasificado como de «profunda relevancia eclesial y social».

La explicación de los fundamentos y el llamado a la acción estuvo encabezado por el arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain; la coordinadora de la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz, María Lucía Abad; y la especialista en Derecho, Marisa Spagnolo. Los disertantes consideraron que la irrupción acelerada de la IA, la robótica y la digitalización están transformando la comunicación, el aprendizaje, las decisiones y la convivencia de los humanos. Por ello, llamaron a reflexionar y pensar éticamente para orientar el debate político hacia un desarrollo tecnológico que permanezca al servicio de la dignidad de las personas.

La conferencia fue un llamado a construir un discernimiento ético y moral enfocado en la vida humana. «La Iglesia no propone rechazar el progreso, sino preguntarse al servicio de quién está; si del poder, unos pocos o del bien común», exhortó Larregain.

El sacerdote señaló que la IA vino para quedarse y «ya no hay vuelta atrás». Siguiendo el documento papal expresó: «Los peligros son confundir inteligencia con sabiduría, cálculo con juicio moral, información con verdad, y eficiencia con humanidad. Las personas son mucho más que un conjunto de datos. La IA nunca debe convertirse en un criterio absoluto para aquello que está reservado a la conciencia y responsabilidad humana».

Los disertantes coincidieron en que la idea es «despertar responsabilidad», siendo la regulación ética el gran desafío de la transformación tecnológica. «Si una herramienta aumenta la eficiencia, pero deja excluida a miles de personas ¿realmente sirve para el bien común?», preguntó Larregain al auditorio.

Para finalizar, el Arzobispo invitó a reflexionar: ¿Seremos protagonistas de nuestras decisiones o delegaremos en sistemas que no poseen conciencia ni responsabilidad moral?

La presentación de la encíclica convoca a todas las instituciones a formar parte del debate en pos del bien común.

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