La faena de vacas tuvo el peor primer semestre de la última década pero el peso promedio tocó un máximo histórico

El fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación y el creciente protagonismo del engorde a corral explican ese desplazamiento de la oferta hacia la segunda mitad del año.
El primer semestre del año dejó una señal preocupante para el sector ganadero. La combinación de un rodeo con menos vientres en servicio, un esquema de engorde que privilegia agregar kilos antes de mandar los animales a faena y una demanda que sostiene precios firmes para la hacienda terminada configuró un escenario donde la cantidad de cabezas faenadas retrocedió, mientras que el peso promedio de cada animal alcanzó un máximo histórico. Ese cruce entre menos animales y más kilos por cabeza es la clave para entender lo que pasó entre enero y junio, y también para proyectar lo que puede pasar en lo que resta del año.
El resultado del semestre no es un dato aislado, sino que se enmarca en un patrón estacional que se repite año tras año. Sobre la base de los últimos 25 años, “la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%”.
El informe agrega una relación que ordena la lectura de esos números. Cuando el primer semestre concentró más de la mitad de la faena anual, el resultado del año terminó siendo bajo en volumen total; cuando esa participación fue menor al promedio, la faena anual tendió a cerrar en niveles más altos.
Un año que se perfila lento
Los datos disponibles hasta el momento ubican al ciclo actual dentro del segundo grupo. El informe sostiene que “los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado”, lo que anticipa que buena parte de la oferta de animales terminados se trasladará hacia la segunda mitad del año.
Con esa base, la proyección para el total de 2026 se construye extrapolando el volumen faenado hasta junio y asumiendo que el primer semestre representará entre el 49% y el 46% de la faena anual. Bajo ese supuesto, los poco más de 6 millones de cabezas acumuladas hasta la fecha permiten estimar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de animales. Esto implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de cabezas respecto de las 13,6 millones faenadas en 2025.
La razón detrás de ese ritmo más lento tiene que ver con decisiones productivas que ya se reflejan en las estadísticas. El informe explica que “la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados”. Ese proceso ya se nota en el peso: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res.
De esta manera, una porción mayor de los animales en producción llegará a faena recién en la segunda mitad del año, lo que reduce el peso relativo del primer semestre sobre el total anual.
El límite lo pone el rodeo
Ahora bien, la proyección de faena no depende sólo de decisiones de manejo, sino también de la disponibilidad de animales. En 2025, la producción de terneros aportó aproximadamente 14,4 millones de cabezas al sistema, mientras que la faena alcanzó los 13,6 millones. Aun así, el stock bovino cerró el año con una caída cercana a las 700 mil cabezas, explicada principalmente por la mortandad natural del rodeo, que habitualmente representa entre el 2% y el 3% de las existencias.




