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Larregain llamó a vivir la esperanza desde la fe y la alegría

En la Basílica de Itatí, el arzobispo José Adolfo Larregain invitó a renovar la confianza en Dios durante el aniversario de la Coronación Pontificia. Destacó el Magníficat, la alegría cristiana y cuatro valores esenciales para afrontar las dificultades.

En el marco de la celebración por un nuevo aniversario de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora de Itatí, el arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, centró su homilía en el llamado a renovar la esperanza y la confianza en Dios, tomando como guía el testimonio de la Virgen María.

Al reflexionar sobre el Magníficat proclamado durante la celebración, explicó que ese canto expresa la actitud de María frente a la acción de Dios en la historia. En ese sentido, sostuvo que «María no niega las dificultades de su tiempo, pero tampoco se deja vencer por ellas. Su mirada está puesta en la fidelidad de Dios. Por eso canta, alaba y se alegra».

El arzobispo afirmó que esa actitud constituye una enseñanza vigente para los cristianos de hoy. «La verdadera esperanza cristiana no nace de un optimismo ingenuo, sino de la certeza de que Dios sigue actuando en medio de nuestras fragilidades», expresó, al remarcar que la confianza no depende de las circunstancias sino de la presencia permanente de Dios en la vida de las personas.

Más adelante, al comentar el Evangelio proclamado durante la misa, recordó las palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos: «Permanezcan en mi amor» y «Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena».

«La alegría cristiana no depende de que todo salga bien. Brota del encuentro con Cristo y de la experiencia de sabernos amados por Él. Cuando permanecemos en su amor descubrimos una fuerza interior capaz de sostenernos aun en medio de las pruebas», manifestó.

Durante su predicación también destacó lo que definió como cuatro grandes tesoros presentes en la vida del pueblo correntino. En primer lugar mencionó la fe sencilla y perseverante de las familias, que continúan rezando y confiando en Dios aun en los momentos más difíciles. Luego resaltó la solidaridad, entendida como la capacidad de acompañar a quienes sufren y compartir con quienes más lo necesitan.

El tercer valor señalado fue la esperanza que nace de la oración e impide resignarse frente al mal. Finalmente destacó la alegría de la fe, «esa alegría serena que ninguna crisis puede apagar porque tiene sus raíces en Dios», presentándola como una fortaleza para atravesar los desafíos del presente.

En otro tramo de la homilía, Larregain evocó la presencia permanente de la imagen de Nuestra Señora de Itatí en la historia del pueblo correntino. «María de Itatí ha sido durante generaciones testigo silenciosa de la historia de nuestro pueblo. Ha visto pasar momentos de prosperidad y también tiempos de dolor. Y siempre ha permanecido aquí, recordándonos que Dios cumple sus promesas y que nunca abandona a sus hijos», expresó.

Finalmente, al dirigirse a los miles de peregrinos presentes en la Basílica, convocó a renovar la confianza con motivo del aniversario de la Coronación Pontificia. «No permitamos que la desesperanza gane espacio en nuestros corazones. Caminemos junto a María, sosteniéndonos mutuamente como hermanos. Seamos, en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo, verdaderos testigos de esperanza y alegría», exhortó.

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