Provinciales

El Obispo Larregain presentó Carta Encíclica del Papa en la Legislatura correntina

Se realizó ayer en el recinto de la Legislatura correntina, la presentación de la Carta Encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco. La exposición estuvo a cargo del Obispo auxiliar, monseñor José Adolfo Larregain y estuvieron presentes un reducido número de autoridades del poder legislativo y judicial de la provincia.

A través de la plataforma virtual, participaron legisladores, jueves, ministros, intendentes y funcionarios. El mensaje central fue hacer propia la llamada del Santo Padre a reconocer a todos como hermanos y a la paz, la justicia y la fraternidad.

La propuesta acogida por el presidente de la cámara de Senador, el vicegobernador Gustavo Canteros y el titular de la cámara de Diputados, Pedro Cassani, fue hecha por la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz. Estuvo dirigida especialmente a los miembros de los poderes provinciales y municipales, para trascender un mundo de socios, hacia una Corrientes más solidaria.

Monseñor Larregian, inició la presentación señalando que Fratelli tutti se “inspira en san Francisco de Asís proponiendo un estilo de vida con sabor a Evangelio”. El Papa, dijo, “nos llama hacer nuestro y operar el deseo mundial de fraternidad, que parte de reconocer que todos somos hermanas y hermanos”.

Compartimos una breve reseña de la presentación de la Carta hecha por el Obispo auxiliar. El texto consta de ocho capítulos. Las sombras del mundo cerrado (capítulo 1), resalta el Pastor del texto, se expanden sobre el mundo, dejan heridos al lado del camino, que son puestos fuera, desechados. Dichas tendencias hunden a la humanidad en confusión, soledad y vacío. Encontramos, un extraño en el camino (capítulo 2), herido. Ante esta realidad hay dos actitudes: seguir de largo o detenerse; incluirlo o excluirlo definirá el tipo de persona o proyecto político, social y religioso que somos. Dios es amor universal, y en tanto ser parte de ese amor y compartirlo estamos llamados a la fraternidad universal, que es apertura. No hay “otros” ni “ellos”, sólo hay “nosotros”.

Parafraseando la Carta, monseñor Larregain señala que queremos pensar y gestar un mundo abierto (capítulo 3), sin muros, fronteras, excluidos, extraños. Para ello tenemos y queremos un corazón abierto al mundo entero (capítulo 4). Vivimos la amistad social, buscamos el bien moral, una ética social porque nos sabemos parte de una fraternidad universal. Estamos llamados al encuentro, la solidaridad y la gratuidad.

Así, dice el Obispo, para un mundo abierto con el corazón abierto, hay que hacer la mejor política (capítulo 5). En el documento, el Papa ve la política para el bien común y universal, política para y con el pueblo, es decir, popular, con caridad social que busca la dignidad humana y es ejecutada por hombres y mujeres con amor político que integran la economía a un proyecto social, cultural y popular. El dialogo es el camino para abrir el mundo y construir la amistad social (capitulo 6); es, asegura, la base para una mejor política. El diálogo respeta, consensua y busca la verdad; da lugar a la cultura del encuentro, es decir, se vuelve estilo de vida, pasión y deseo. Quien dialoga es amable, reconoce y respeta al otro.

Pero no basta con esto, reconoce: tenemos que enfrentar la realidad de las heridas del desencuentro y establecer y recorrer, en su lugar, caminos de reencuentro (capitulo 7). Hay que curar las heridas y restablecer la paz; necesitamos audacia y partir desde la verdad, desde el reconocimiento de la verdad histórica, compañera inseparable de la justicia y la misericordia, que es indispensable para encaminarse al perdón y la paz. Perdonar no es olvidar; el conflicto en el camino hacia la paz es inevitable, pero no por ello es aceptable la violencia. Por ello la guerra es un recurso inaceptable y la pena de muerte una práctica a erradicar.

Sobre las últimas reflexiones de Fratelli tutti, monseñor Larregain destaca que las distintas religiones del mundo reconocen al ser humano como creatura de Dios, en tanto somos seres en relación de fraternidad. Las religiones están llamadas al servicio de la fraternidad en el mundo (capítulo 8). Desde la apertura al Padre de todos reconocemos nuestra condición universal de hermanos. Para los cristianos, el manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo: de ahí surgen nuestras acciones y compromisos.

El Obispo, hizo propio el deseo que al final de la Carta expresa el Papa Francisco de un llamado a la paz, la justicia y la fraternidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prensa HCD

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