Confirmaron condena a policía acusado de torturas

En noviembre de 2010, los por entonces detenidos, L. A. Fallen y C.R. Ávalos en la dependencia policial de Juan Pujol, departamento de Monte Caseros, denunciaron maltratos por parte de un uniformado de nombre Lucio A. Zamudio.
Tras varios días de debate, en 2017 recibió una condena de ocho años de cárcel por el delito de tortura, otorgado por el Tribunal Oral Penal de los Libres. Ayer el Superior Tribunal de Justicia (STJ) rechazó pedido de casación por parte de la defensa de Zamudio y confirmó el fallo.
La defensa, consideró que el Tribunal no tuvo en cuenta que las declaraciones de los testigos fueron parciales y subjetivas ya que todos eran conocidos de ambos.
También sostuvo que no se consideraron correctamente los análisis médicos donde no constaba la existencia de lesiones graves, sólo excoriaciones, leve tumefacción y un hematoma.
Pidió además que se aplique el principio del “in dubio pro reo”, lo que significa que en caso de duda, por ejemplo, por insuficiencia probatoria, se favorece al imputado.
Sin embargo, los integrantes del STJ por unanimidad, rechazaron el recurso de casación presentado por la defensa y ratificaron la condena para el uniformado Zamudio a ocho años de prisión e inhabilitación absoluta y perpetua por el delito de torturas.
En su fallo, Alejandro Chaín consideró que los agravios que expresó la defensa carecían de sustento, ya que la decisión del Tribunal estuvo ajustada a derecho.
Los hechos
El 9 de noviembre de 2010, según reza el expediente, una de las víctimas trabajaba en un galpón cuando llegó un móvil policial, lo detuvo, le colocaron esposas y lo trasladaron a la comisaría en la que lo alojaron en una habitación.
El condenado, que estaba con ropa de civil comenzó a golpearlo, dándole patadas en las costillas, cabeza, cara, para luego tomar un palo de escoba y comenzar a pegarle en las piernas, costillas y manos. Luego de esto, el victimario junto a otro policía se dirigieron en el móvil policial al lugar de trabajo de la otra víctima y al ser ubicado lo detuvieron, esposaron y llevaron detenido a la misma comisaría.
Lo alojaron en una pieza boca abajo esposado, y el condenado continuó pegándole, primero con otro palo y después con una cachiporra. Luego tomó una bolsa y colocó sobre la cabeza y le pegó en la cara.
Esto le ocasionó el desmayo a la víctima, pero cuando se despertó lo siguieron golpeando.
Lo amenazó con un cuchillo colocándole el arma en el cuello, como que lo iba a degollar. Las torturas se extendieron por varias horas.
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