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Le quedó grande el buzo de DT

¿Una mala elección de Burdisso? Se puede decir, hoy con los resultados puestos, que sí. Alfaro nunca demostró estar a la altura de lo que significa dirigir a Boca. Pero a él lo eligieron por sobre otros nombres, por lo que hay una responsabilidad compartida.

El inicio de año para Boca no era fácil por el antecedente que traía del final de 2018. Haber perdido una final de la Copa Libertadores con River iba a dejar secuelas. La primera fue dejar afuera a Guillermo Barros Schelotto y, a partir de ahí, la incertidumbre de lo que iba a pasar con algunos jugadores: Wilmar Barrios, que se terminó yendo, y jugadores que marcaban su deseo de querer irse, como Naithan Nández y Darío Benedetto, que se fueron seis meses después.

Se tuvo que contratar un director deportivo, Nicolás Burdisso, quien eligió mal al sucesor de Guillermo. Nada que ver una cosa con la otra. Fue un entrenador que, con el transcurso del año, quedó demostrado que le quedó grande el buzo de técnico de Boca.

Los antecedentes que traía ya demostraban que no era una buena elección. Había que guiarse por lo mal que le había ido en San Lorenzo hace mucho tiempo, al igual que en Rosario Central, sin entrar en comparación entre los clubes.

Quedó demostrado que a Gustavo Alfaro le quedó grande el buzo de director técnico de Boca.
Alfaro está más relacionado con ser un entrenador que apaga incendios en equipos chicos a estar a la altura de un equipo que tiene tanta historia y que debe tener una ambición que él nunca demostró como DT de Boca. Se hace hincapié en esto porque es lo más saliente del año.

Lo que pasó en el partido de la cancha de River de la Superliga es la síntesis de lo que hizo Boca con su idea, poner a Franco Soldano, un delantero, de 8, con un equipo que no cruzó la mitad de la cancha…

Cuesta encontrar cinco partidos en los que Boca haya jugado bien y haya dejado conforme al hincha. Nunca transmitió confianza. Cuesta hacer un balance cuando te encontrás con un panorama así.
Está claro que el balance no fue bueno, para nada bueno.

Se podrá decir que llegó a una semifinal de Copa Libertadores, pero es lo mínimo que tiene que hacer un club como Boca en un contexto como el de Sudamérica. No se puede decir que sea similar, pero va camino a emparejarse como en el fútbol argentino. Boca, River y los equipos brasileños – podrá aparecer alguno cada tanto – están bien armados.

Boca sigue fallando en lo mental, desde la cabeza. Boca volvió a fallar en ese aspecto. No es una falla de Alfaro, sino de los jugadores que Boca tiene, ya que, desde la cabeza, en instancias decisivas volvieron a fallar, como contra River. Esa es una marca que a Boca le va a quedar por mucho tiempo.

A principio de año algunos decían que Alfaro tenía que llegar a la final de la Copa Libertadores para igualar lo del año anterior. No llegó. Quedará en el recuerdo que ganó una Supercopa contra Central. No sin antes tener en cuenta la forma. ¿Es un trofeo más que va a la vitrina? Sí. Pero es muy poco.

Alfaro trató de tener un ida y vuelta con los jugadores y quedó claro que eso no era tal cuando Tevez salió a declarar y dijo lo que dijo sobre las formas. Ni siquiera eso terminó logrando.

El año de Boca no fue bueno. Desde lo futbolístico queda muy lejano de lo que realmente la historia marca. ¿Está prendido en la Superliga? Sí, es cierto. Pero eso ya no es mérito. Nos tenemos que acostumbrar a que Boca y River estarán permanentemente en la pelea del fútbol argentino por cómo se arman para ser protagonistas y la situación financiera que tienen. Van a seguir sacando ventajas por sobre el resto.

Ojalá que cambie el año 2020, que sea muy diferente, que sepamos a qué juega Boca, que tenga una identidad, que logre saber que cuando lo veamos, vamos a ver un equipo que podrá gustar o no, pero que sepamos lo que quiere hacer. Alfaro se quedó ni siquiera a mitad de camino y el año de Boca quedó lejos de lo que el hincha de Boca quería ver.

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