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Monseñor Domingo Salvador Castagna denunció una feroz campaña contra la Iglesia

El arzobispo emérito de Corrientes, Mons. Domingo Castagna, denunció que ¨la Iglesia presidida por el papa Francisco está atravesando hoy una tempestad mediática de especial virulencia. A raíz de los graves pecados de pederastia de algunos de sus hijos, agravados por la gran responsabilidad institucional de la que están investidos, se desató una feroz campaña. Aunque injusta es explicable, debido al deterioro moral producido en algunos miembros destacados de la Iglesia¨.

El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, denunció que «hoy, la Iglesia presidida por el papa Francisco está atravesando una tempestad mediática de especial virulencia. A raíz de los graves pecados de pederastia de algunos de sus hijos, agravados por la enorme responsabilidad institucional, de la que están investidos, se ha desatado una feroz campaña. Aunque injusta es explicable, habida cuenta del deterioro moral que se ha producido en algunos miembros destacados de la institución eclesial».

 

Después agregó: «Se cometieron errores de enorme gravedad, que deben ser reconocidos, pero que no autorizan a juzgar a santos Pastores, quizás limitados por una circunstancial e inevitable ingenuidad. A esta altura de los acontecimientos no cabe dudar del sincero deseo -de nuestros Pastores- de restablecer la justicia, aliviar el sufrimiento de tantas víctimas inocentes y de aplicar las medidas adecuadas para reducir a cero futuros delitos».

 

El prelado correntino efectuó estos comentarios en su reflexión y propuesta de homilía sobre el Evangelio del primer domingo de Cuaresma, en el que se narran las tentaciones y ataques del demonio que sufrió Jesús en el desierto después de 40 días de ayuno.

 

«El ejemplo luminoso de Jesús, tentado por el demonio, debe orientar la vida de los cristianos», señaló monseñor Castagna en la parte final de su propuesta homilía, cuyo texto completo se consigna a continuación. «Es preciso aprovechar este tiempo fuerte de la Cuaresma para renovar el deseo de santidad, al que debe corresponder una vida bautismal coherente».

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